Habiendo avanzado considerablemente en la política de seguridad democrática, resulta preocupante que en nuestro departamento se sigan presentando hechos lamentables, que aunque aislados, generan gran dolor y tristeza, desconcierto, sensación de indefensión e impotencia y pésima imagen a nivel nacional. En el ámbito político, además de nuestro trágico historial, al reciente secuestro del Honorable Concejal de Garzón Armando Acuña, en plena sesión de esa corporación, se suma el vil asesinato esta semana de la Honorable Concejal del Hobo Mariela Narváez, aun sin conocerse los autores. Es cierto que garantizar la seguridad de cada uno de los 419 concejales del departamento no es tarea fácil y reconocemos los grandes esfuerzos y avances en las medidas adoptadas por el Ministerio del Interior y la Policía Nacional en chalecos, comunicaciones, anillos de seguridad, planes padrinos, algunos escoltas, auxilios de reubicación y movilización, etc., siendo según sus estadísticas el Departamento del Huila el que mas ha recibido estos apoyos, y también el que mas ha sufrido estas situaciones; pero no pueden seguir sucediendo estos hechos en contra de quiénes son elegidos para servirle a sus comunidades, siendo el Concejal la célula básica de nuestra democracia y quién todos los días le pone el pecho a la brisa. Sinceramente esperamos medidas más eficaces, con el liderazgo de la Gobernación, el apoyo decidido de las autoridades nacionales y el compromiso de toda la clase política y fuerzas vivas de la región.
Pero además preocupa muchísimo la delincuencia común que es el pan de cada día, especialmente en los principales centros urbanos. También allí valoro el gran trabajo de la Policía, pero es claro que no es solo un problema de orden público sino de pobreza, de falta de oportunidades laborales, de descomposición social, baja educación, pérdida de valores, drogadicción y en general la insatisfacción de las necesidades mas básicas de una gran cantidad de personas que día a día se concentran en lo urbano, en parte como resultado del desplazamiento forzado por la violencia, pero hoy principalmente por buscar mejores condiciones de vida que creen que encuentran allí.
Considero que debemos establecer una política departamental de generación de empleo productivo, que no he visto y a lo cual me referí en columna anterior planteando elementos e invitando al Gobernador a que nos convoque a todos; y también volver la mirada hacia lo rural, donde están nuestras verdaderas potencialidades, con una política de desarrollo rural que parta del ordenamiento productivo del territorio, que incluya a los jóvenes para que se conviertan en empresarios y que garantice las condiciones básicas de productividad y habitabilidad.


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